Vicente Díaz

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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Mamoru Hosoda, forjado como profesional todoterreno en el mundo de animación japonesa, dio el salto autoral en 2006 con La chica que saltaba a través del tiempo. Destaca por ser uno de los pocos directores que logran que sus películas se estrenen en los cines españoles, todo un logro para alegría de los fans del anime, un público no masivo pero muy fiel y entusiasta.

Crítica: "Escape Room" (Adam Robitel, 2019)

Las largas y muy rentables franquicias cinematográficas Saw y Destino final ya han perdido el gas, y en el mundillo del cine de presupuesto medio (tirando a bajo) nunca se pierde una oportunidad.

Alejándose de las superproducciones o las versiones más o menos macarras que se han llevado a cabo en los últimos tiempos, el mito artúrico regresa en esta película de presupuesto más modesto, con un enfoque infantil-juvenil exento de cinismo o posmodernidad que es de agradecer.

El título español de Please Stand By intenta llamar la atención de la afición trekkie a través del archiconocido saludo vulcano, y es que Star Trek tiene un papel muy importante en esta emotiva comedia dramática, adaptación de una obra de teatro escrita por Michael Golamco, quien también se ocupa del guión de la película.

El cuarentón que escribe estas líneas estaba todavía en la universidad cuando llegaron las primeras noticias sobre la compra de los derechos del célebre manga Alita: Ángel de combate (también conocido como GUNNM) por parte nada menos que de James Cameron, un director fundamental en el cine de ciencia ficción contemporáneo y gran aficionado al manga y el anime.

Isabel I de Inglaterra siempre ha sido un personaje codiciado por cualquier actriz. Figura histórica “más grande que la vida”, fuerte, asexuada y con un aspecto físico de lo más llamativo, ya tuvo su aparición en los tiempos del cine mudo con el rostro, nada menos, de la legendaria Sarah Bernhardt, en el mediometraje de 1912 Les Amours de la reine Élisabeth (Louis Mercanton y Henri Desfontaines).

Crítica: "Perdiendo el Este" (Paco Caballero, 2019)

No fue un bombazo como, digamos, 8 apellidos vascos, pero Perdiendo el Norte (Nacho G. Velilla, 2015) tuvo el suficiente público como para que el imperio Atresmedia exprimiera el producto con una serie televisiva de efímera vida, y vuelva a hacerlo ahora con esta poco inspirada secuela, dirigida por el debutante Paco Caballero.

A Peter Farrelly no le falta experiencia en el género de las road movies. Junto a su hermano debutó con éxito en el cine dirigiendo un par de divertidísimas comedias protagonizadas por parejas sobre el asfalto: Dos tontos muy tontos (1994) y Vaya par de idiotas (1996).

A este paso, la moda nostálgica de los 80 va a durar más que la propia década de los 80. Es comprensible: un servidor lleva mitificando y echando de menos aquellos años desde 1990, aunque también hay que admitir que nadie ha conseguido recuperar la esencia de aquel arte popular. Y es que, por fortuna o por desgracia, el pasado es irrecuperable.

Esta película bien podría haberse llamado Drago, aunque en realidad para todos nosotros es Rocky VIII. La saga original, con sus números romanos, acabó en 1990, pero el personaje ha regresado en un larguísimo epílogo que ya cuenta con tres entregas: Rocky Balboa (Sylvester Stallone, 2006), Creed (Ryan Coogler, 2015) y ahora esta secuela de Creed, dirigida por Steven Caple Jr.

En este panorama audiovisual donde impera lo que llaman monoforma ‒con productos clónicos, algoritmos decidiendo cómo van a ser las películas y una abrumadora correción política‒, que a uno le gusten o no las obras de Lars von Trier es lo de menos a la hora de reconocer su valor.

Era inevitable que la aclamada y exitosa novela de James Baldwin fuera carne de adaptación cinematográfica. Ha tardado bastante en llegar a la pantalla, aunque hay que reconocer que en 1974, cuando se publicó, todavía no resultaba sencillo tratar temas como el racismo, la injusticia del sistema, o asuntos tan sensibles como las secuelas de una violación.

¡Más superhéroes no! Lo sé, lo sé, ya nos saturan las adaptaciones de justicieros del tebeo “a imagen real” (lo digo con comillas, porque con tanto efecto digital uno ya no sabe cómo referirse a todo esto). El caso es que, de vez en cuando, todavía aparecen productos que quizá no le cambien la vida a nadie, y que acaso tampoco sean hitos del arte audiovisual, pero que resultan entretenimientos más que aceptables.

Es inevitable recordar las películas de Michael Moore al ver este peculiar biopic. Lo confirman el nada oculto enfoque anti-republicano, el tono satírico y gamberro y un dinámico montaje de atracciones, escasamente sutil pero efectivo.

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