Crítica: "La casa de Jack" (Lars von Trier, 2018)

En este panorama audiovisual donde impera lo que llaman monoforma ‒con productos clónicos, algoritmos decidiendo cómo van a ser las películas y una abrumadora correción política‒, que a uno le gusten o no las obras de Lars von Trier es lo de menos a la hora de reconocer su valor.

Este tipo de cineasta que hace lo que le viene en gana, con señas de identidad propias y sin miedo a molestar (más bien lo contrario), debería ser hoy en día una especie protegida.

Sin duda, Von Trier es un cineasta con más recursos de lo que aparentaba en su etapa Dogma. Las películas del danés, además de estar dirigidas y montadas con la astucia de un gran narrador, son sádicas, misóginas y autocomplacientes. Que no se tome esto como un ataque gratuito, porque el propio Von Trier acepta y examina estos aspectos de su obra en La casa de Jack (su título original, The House That Jack Built, “La casa que construyó Jack”, es más acertado).

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El ego del director, generalmente enorme, crece aún más en esta ocasión. Lo cual, lejos de resultar una tara, aumenta el interés de esta brutal sesión de humor nigérrimo, tan macabro que es capaz de hacer huir a algunos espectadores de la sala.

Y es que Von Trier identifica su obra con la de un asesino psicópata. Así, en La casa de Jack se pregunta si las creaciones más depravadas son arte, o simplemente un tapiz en el que las mentes enfermas plasman sus pensamientos e instintos corruptos, no tanto como terapia, sino como la realización “legal” de dichas fantasías.

El asesino Jack (excelente Matt Dillon) opina que no hay distinción entre ese arte viciado y el artista depravado, pero no se limita a ofrecer su propia opinión, ya que, como sucedía en Nymphomaniac, el film se plantea como un diálogo entre el narrador (Jack) y Verge (Bruno Ganz), un misterioso personaje cuya identidad se irá revelando poco a poco.

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La casa de Jack no es un film realista sobre un psicópata. No pretende ser un relato en la línea de Henry: retrato de un asesino (John McNaughton, 1986), sino más bien una ampliación de Nymphomaniac, de nuevo con un protagonista sociópata (en este caso más dañino), y una vez más, con una estructura episódica, incluyendo disquisiciones acerca del arte, la caza y otros temas que pueden tener algo que ver con lo que se está narrando.

Jack, aun siendo el mismo personaje, cambia de registro en cada episodio. Eso demuestra la valía de Matt Dillon y, de paso, nos deja claro que esto no es un documental, ni un estudio serio sobre asesinos en serie. Es más, el protagonista comete todo tipo de errores durante sus crímenes, y se va librando de ser atrapado por pura suerte, y porque así le conviene a Lars von Trier.

Más allá del ego trip de su director, el film funciona como un oscuro divertimento, casi al estilo de Hitchcock, si bien el danés no quiere (o no logra) que nos metamos en el pellejo del asesino, salvo en la primera de las historietas. Algo que sí conseguía el director de Psicosis. A cambio, el espectador se sorprende a sí mismo riendo en escenas en las que no debería hacerlo, y no porque La casa de Jack caiga en el humor involuntario, sino al contrario. Se trata de una hilaridad que aflora en momentos como el del asesino volviendo a comprobar la escena del crimen a causa de un TOC, o en esa actitud suicida del locuaz e insoportable personaje de Uma Thurman.

Si a uno no le gusta Lars von Trier, o si tiene un estómago sensible, lo mejor es mantenerse alejado de La casa de Jack. Pero en el caso de que ustedes busquen un cine poco convencional pero accesible, esta es la película adecuada.

Sinopsis

Estados Unidos, años setenta. Seguimos al inteligentísimo Jack durante cinco incidentes y descubrimos los crímenes que le definen como un asesino en serie. Vivimos la historia desde la perspectiva de Jack. Considera cada asesinato como una obra de arte, pero su profunda inadaptación le plantea problemas con el mundo exterior. A pesar de la intervención de la policía, que se acerca inevitablemente, Jack se empeña en arriesgarse cada vez más contra toda lógica. A medida que la historia avanza, compartimos las descripciones que hace de su condición, sus problemas y pensamientos mediante conversaciones con el desconocido Verge: una mezcla grotesca de sofisticación, de una casi infantil autocompasión y de explicaciones detalladas de maniobras tan peligrosas como difíciles para Jack.

El pasado mes de diciembre, la prestigiosa revista cinematográfica francesa Cahiers du Cinéma publicaba su tradicional lista de las 10 mejores películas estrenadas en 2018. Una de ellas es La casa de Jack, película del director danés Lars von Trier (Anticristo, Bailar en la oscuridad, Rompiendo las olas).

El filme nos lleva tras los pasos de un asesino en serie en los Estados Unidos de los años setenta. Jack, el criminal, concibe cada asesinato como una obra de arte, fijándose como objetivo alcanzar la perfección absoluta con el último.

Un impresionante reparto internacional da vida a los personajes de la película. Matt Dillon protagoniza el filme en el papel del asesino en serie Jack y le acompaña Bruno Ganz como el misterioso Verge, que reta y explora la mente de Jack mediante un diálogo constante. Uma Thurman, Siobhan Fallon Hogan, Sofie Gråbøl y Riley Keough son algunas de las desafortunadas mujeres que encuentran a Jack en su camino.

El retorno, tras siete años ausente, de Lars von Trier al último Festival de Cannes, a la Sección Oficial fuera de concurso, desató una enorme expectación. Ya en nuestro país, La casa de Jack pudo verse en el Festival de cine fantástico de Sitges, y más recientemente en el Fancine, festival de cine fantástico de la Universidad de Málaga, donde ha sido galardonada con el premio del público, el premio de los medios acreditados (Gato Rabioso) y premio al mejor actor para Matt Dillon.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Zentropa, Film i Väst, Eurimages, Nordisk Film, Les films du losange, TrustNordisk, Golem Distribución. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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