Crítica: "Escape Room" (Adam Robitel, 2019)

Las largas y muy rentables franquicias cinematográficas Saw y Destino final ya han perdido el gas, y en el mundillo del cine de presupuesto medio (tirando a bajo) nunca se pierde una oportunidad.

Aprovechando la moda de las escape rooms, ya se han lanzado unas cuantas películas de serie B y telefilmes que las usan en sus argumentos y sus títulos: Escape Room (Pete Dukes, 2017), Escape Room: 60 minutos para morir (Will Wernick, 2017), No Escape Room (Alex Merkin, 2018) y posiblemente alguna más que se nos escapa (guiño). Por si alguien acaba de regresar de un viaje interplanetario tras un lustro, bastará con explicar que las escape rooms son unos populares juegos en vivo donde los participantes han salir de una habitación usando el ingenio y siguiendo una serie de pistas.

Antes de que estos juegos se popularizaran, ya habíamos visto numerosas películas sobre grupos de personas confinadas en espacios cerrados, llenos trampas y pruebas de ingenio, valor o pericia: las citadas Saw, Cube (Vincenzo Natali, 1997) o La habitación de Fermat (Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña, 2007). Escape Room toma “prestadas” muchas ideas de esas películas ‒e incluso de Destino final‒ para llevar a cabo un entretenimiento inesperadamente efectivo.

Cabía esperar una cinta perezosa y realizada de cualquier manera, una explotación oportunista sin lustre, pero Escape Room, sin llegar a ser un Hitchcock o un Brian De Palma, sí es una película de suspense que funciona bien y capta la atención del espectador, en especial porque se preocupa en que los personajes sean algo más que monigotes a los que matar.

Como suele suceder en las películas de este tipo, no cuenta con estrellas, sino con efectivos secundarios y rostros habituales en las series de televisión. Los aficionados al cine de terror reconocerán a Tyler Lebine, el Dale de la comedia de culto Tucker y Dale contra el mal (Eli Craig, 2010) y los espectadores de Netflix celebrarán la presencia de Deborah Ann Woll, la Karen Page de Daredevil. Sin embargo, la película no se apoya en la posible fama de los protagonistas, sino en su propia capacidad para crear tensión y, con suerte, ser la primera entrega de una rentable saga.

Si Saw y Destino final tenían como gran atractivo el gore más bestia, creativo y caricaturesco, Escape Room limita mucho la violencia gráfica, y se planta como una versión para (casi) todos los públicos de esas sangrientas franquicias, lo cual amplía su público potencial.

A pesar de carecer de filigranas estilísticas o de ideas especialmente originales, Escape Room es una buena película de de suspense, una agradable sorpresa cuyo desenlace final puede resultar anticlimático, ya que está diseñado como cliffhanger para una secuela que ya se está preparando.

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Sinopsis

Escape Room es un thriller psicológico sobre seis desconocidos que se ven involucrados en una situación que escapa a su control y deberán hacer uso de todo su ingenio para averiguar las pistas o morir.

Te encuentras en una sala. No tiene ventanas, hay una sola puerta y está cerrada. El loco que te ha encerrado ha creado una serie de complicados y diabólicamente ingeniosos puzles que, resueltos en el orden correcto, te guiarán hacia la llave y a tu salvación. Y para hacerlo más difícil aún, ha puesto un cronómetro de una hora para completar los puzles y escapar... o sufrir las consecuencias.

Lo que parece una película de miedo es uno de los entretenimientos que más está creciendo en el mundo: el fenómeno de los escape room. Armado sólo con tu ingenio, y de las destrezas de la gente que se encuentra contigo, los jugadores deben averiguar códigos, descifrar enigmas y descubrir escondites lo más rápido posible. Cada sala tiene una trama secreta, donde los jugadores van armando el puzle en una divertida experiencia de trabajo en equipo. Desde la creación del concepto allá en 2010, han surgido escape rooms por todo el mundo, satisfaciendo las necesidades de diversión y evasión de la realidad del público.

Cuando el productor Ori Marmur probó un escape room con su familia, vio el potencial para una película. Es además un concepto que se ha aceptado en todo el mundo y el tema tendría atractivo global. "Me pareció muy divertido, como un juego de mesa viviente" explica Marmur. El proyecto parecía encajar a la perfección con un misterio clásico de sala encerrada, y junto al productor Neal H. Moritz, empezó a trabajar en la idea. Rápidamente llegaron a un concepto en el que no sólo tendrían que escapar de una sala extremadamente peligrosa, sino que, cuando se acabase el tiempo, morirían.

"Tienes que usar el cerebro todo el rato cuando estás en estas habitaciones, ya que la gente que la creó quiere que muramos uno a uno" dice el actor Jay Ellis. "Estás constantemente intentando averiguar qué ocurre, dónde puedo o no pisar y cuál es la verdadera salida, con respecto a lo que sólo es una distracción".

Adam Robitel, quien anteriormente dirigió el éxito del terror Insidious: La Última Llave, se sumó a la dirección. "Los buenos escape rooms son muy cinematográficos: entras en un frío bunker de guerra y rebuscas entre carpetas de la CIA, entonces aprietas un botón y de repente se enciende un proyector escondido que te muestra un mapa" añade Robitel. "Estas habitaciones tienen una buena dirección de arte, así que vi el potencial visual de la película al instante".

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Columbia Pictures, Sony Pictures Releasing. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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