Uso de las cookies

Si continúas con tu navegación sin modificar tus parámetros, aceptas la utilización de cookies o de tecnologías similares para acceder a los contenidos de esta web. Algunas cookies son necesarias para hacer accesible esta página web y su contenido. Otras cookies nos permiten analizar y medir las audiencias y el tráfico de la página web. Para más información, gestionar o modificar los parámetros, haz click aquí

Trestesauros500

Los seguidores de Shyamalan estamos acostumbrados a discutir. También a dudar, e incluso a cambiar de opinión con el paso del tiempo. Cuando una de sus películas despierta odios y controversias, sólo queda el socorrido recurso de mencionar el talento con que el cineasta ha filmado otros largometrajes.

A veces abrigo la sospecha de que algunos de los problemas del cine moderno se deben a una infeliz necesidad de complicarlo todo, como si un largometraje fuese un retablo barroco lleno de golpes de efecto, temblores de cámara y alardes digitales. Frente a esa impresión, M. Night Shyamalan parece sentirse feliz con dos virtudes del cine de antaño: el clasicismo narrativo y el ingenio de la puesta en escena.

Cuando pensamos en cine de terror, vienen a nuestra mente los fantasmas, los vampiros o los psicópatas como temas estrella del género, pero casi nunca la brujería.

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo