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Era inevitable que la aclamada y exitosa novela de James Baldwin fuera carne de adaptación cinematográfica. Ha tardado bastante en llegar a la pantalla, aunque hay que reconocer que en 1974, cuando se publicó, todavía no resultaba sencillo tratar temas como el racismo, la injusticia del sistema, o asuntos tan sensibles como las secuelas de una violación.

Aunque la primera entrega de The Equalizer recibió en España el genérico título de El protector, la secuela de aquel film de 2014 respeta en nuestro país su título original. Como ya sabrán, The Equalizer no trata sobre un técnico de sonido, sino sobre un justiciero urbano lleno de recursos y prácticamente invencible, que desarrolla su actividad en secreto. Algo así como el Equipo A, pero con un solo miembro y con más afición a astillar huesos.

Por muchos motivos, la franquicia Kingsman me recuerda el humor extremo que caracterizaba a varios de los Bond alternativos que surgieron en los sesenta, en particular Derek Flint (James Coburn), el protagonista de Flint, agente secreto (1966).

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