La razón de la emoción

La razón de la emoción Imagen superior: Truthout.org, "Thinking About Political Psychology" (Imagen: Jared Rodriguez, retocada por Brian Hillegas, Reigh LeBlanc, Abrinsky. CC)

Los expertos no se ponen de acuerdo en si nuestro cerebro funciona, desde el punto de vista psicológico, racional y emocional, mediante dos hemisferios o mediante diversos módulos.

La teoría psicológica del hemisferio derecho enfrentado al izquierdo ha sido muy matizada por los científicos en los últimos lustros, tras el entusiasmo inicial, que provocó un montón de teorías simplistas que lo explicaban todo, reduciendo nuestra vida mental a un contraste o balance entre esos dos hemisferios, uno creativo y otro racional, uno emotivo y otro intelectivo.

Representación popular de los dos hemisferios

En la actualidad los neurólogos, los neurobiólogos evolucionistas y los neuropsicólogos están haciendo interesantísimos descubrimientos acerca de cómo funciona nuestro cerebro cuando pensamos y cuando sentimos. No cabe duda de que en los próximos años nos esperan fascinantes descubrimientos.

A la espera de mayores aclaraciones acerca de hemisferios o módulos cerebrales, podemos admitir que existe una cierta diferencia en nuestros procesos mentales entre emoción y razón, pero también una indudable conexión entre ambas cosas, como mostró hace años el portugués Antonio Damasio en su fascinante libro El error de Descartes, en el que mostró la importancia de las emociones en las decisiones racionales. Por su parte, Daniel Kahneman en Pensar rápido, pensar despacio, propone distinguir entre Sistema 1 (más instintivo) y Sistema 2 (más analítico), pero aclarando que son dos maneras de pensar que no tienen por qué corresponderse con partes concretas del cerebro.

De todos modos, mi opinión es que la dicotomía clásica entre razón y emoción es falsa, o la menos incorrecta en algunos detalles. Siempre me ha llamado la atención, por ejemplo, que quienes hablan constantemente del “corazón” como guía de la conducta acaban mostrándose extraordinariamente intelectualistas y que una de las más interesantes paradojas del pensamiento mágico y espiritual es su exagerado materialismo.

Del mismo modo, muchos de los que recomiendan guiarse por la razón desencarnada, en realidad se dejan llevar por sus emociones tanto como los otros. Por emociones que a menudo son muy mediocres, como las que hacen que alguien sea insensible a la muerte y el sufrimiento ajeno, o que incluso disfrute con ello. Los ejemplos son evidentes: Hitler, Lenin, Mao, Stalin… todos ellos muy científicos y razonadores en la construcción de sus crímenes. Porque la razón fría y calculadora es un tipo de emoción, excepto quizá en el caso extremo de los psicópatas.

La conclusión más razonable es que, en la mayoría de las situaciones,  ni la razón trabaja sin emoción ni la emoción trabaja sin razones.

Carteles electorales (Imagen: Nishan Bichajian. Rotch Visual Collections, Massachusetts Institute of Technology. ID: Kepes/Lynch Collection, 62.14, CC)

Una vez establecido esto, vale la pena llamar la atención acerca de nuestra costumbre, a menudo exagerada, de superponer nuestras emociones a cualquier posible razonamiento. Hace tiempo leí que en una universidad de Estados Unidos habían comprobado que los votantes convencidos de una ideología eran literalmente incapaces de escuchar cualquier razonamiento de sus rivales.

Las pruebas se hicieron con personas que, en su momento, preferían a John Kerry (candidato demócrata a la presidencia del gobierno) y otros que preferían a George W. Bush (presidente y candidato a un segundo mandato). No es que a los votantes de Kerry les desagradasen las opiniones de Bush, sino que, antes incluso de oírlas, solo con ver su rostro, en su cerebro se activaba una zona que tiene relación con sentimientos de rechazo, como el odio, el asco y el miedo. Lo mismo sucedía entre los votantes de Bush cuando veían a Kerry. Sin embargo, cuando una persona veía a su candidato, se activaba un área cerebral relacionada con el razonamiento: ahora sí estaba dispuesto a reflexionar acerca de lo que escuchara. Lo expliqué con más detalle en Cómo funciona el pensamiento alternante, así que aquí sólo citaré una conclusión evidente:

“Si a alguien la mera visión de un político le causa irritación, sarpullidos, alergia o ira incontenible, sus opiniones acerca de cualquier cosa que diga ese político no resultarán muy fiables”.

Copyright © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

 

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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