Paisaje con aves

Paisaje con aves Cotorras argentinas (Myiopsitta monachus). Imagen superior: Tamara K, CC.

Tomábamos una copa en una terraza después de la paella y la sobremesa. Estamos hablando del barrio de Hortaleza. Y de repente ahí, a la mesa, a la caza de las migajas de las patatas fritas acudieron los gorriones. Los gorriones, esos pajaritos tan tímidos; al menos si se les compara con otros como las palomas, bien calificadas como «ratas con alas». Y es que los pobres gorriones están pasando mucha hambre en algunas zonas de Madrid. La culpa la tiene una especie de aves importadas: las cotorras argentinas.

Aquellos que no sufren la plaga de cotorras en sus barrios tal vez no se han fijado en su proliferación de algunas áreas de la ciudad. Pero lo cierto es que esos pájaros bonitos, verdes y exóticos llevan tiempo colonizando parques enteros de Madrid. Llegaron como aves de importación y medraban en cautividad sin causar problema alguno. Pero tuvo que llegar hace unos años el inevitable majadero y soltar una pareja de ellas en un campo de golf, o eso he leído en un periódico. Y, como los conejos en Australia, proliferaron más allá de lo soportable.

Ahora son alguna plaga en lugares y están desplazando a especies autóctonas. Por ejemplo a los pobres gorriones. Así que no me extrañó la desesperación con la que se lanzaba sobre los trocitos de patatas fritas, no importa que estuviese a dos palmos de nuestras manos. Después de todo, los humanos comen pájaros. Pero como diría el torero, más cornadas da el hambre.

Cuando era un chaval, reconozco que maté muchos gorriones con la escopeta de balines. Nos los comíamos en fritadas. Ahora ya no sería capaz de hacer esas cosas. No es que me considere mejor, pero con los años he cambiado. Y a una pizca de compasión me movió el ver lo famélico de sus pajaritos sobre nuestra mesa ayer. Tanto que desmigajé algunas patatas y les arrojé las pistas para que se alimentase siquiera un poco.

Esta tarde pasaba por uno de los parques y quizá porque el incidente estaba reciente me fijé en que había bastantes cotorras. También fue consciente de su escandalera en la espesura de los árboles. En la foto que antecede a estas líneas, tienen algunas de ellas en su recién conquistado territorio. De momento son las vencedoras. De momento. Hasta que alguien se canse de su presencia y decida lanzar una campaña de exterminio contra ellas, claro.

En esto de la evolución y los nichos ecológicos, no hay vencedores definitivos. Sólo triunfantes temporales. Hasta nosotros estamos entre los segundos, aunque no nos guste recordarlo. Cierto es que no hay nadie capaz de lanzar un exterminio contra la plaga que representamos. Pero tampoco es necesario. A juzgar por los datos y las cifras, nosotros somos nuestros propios exterminadores y de hecho parece que la campaña de limpieza ya ha empezado.

Copyright © León Arsenal. Reservados todos los derechos.

León Arsenal

León Arsenal fue piloto de la Marina Mercante Española. Desde 1990, ha escrito ensayos (Una historia de las sociedades secretas españolas, Rincones de historia española, Godos de Hispania), libros de género fantástico (Besos de Alacrán, Máscaras de matar, obra por la cual obtuvo el Premio Minotauro), thrillers (El espejo de Salomón, Los lugares secretos) y novelas históricas, un género que cultiva con éxito desde que publicó El hombre de la plata (2000) y Las lanzas rotas (2002).

Después de darse a conocer a nivel internacional con La boca del Nilo. La expedición de Nerón al corazón de África (2005), libro por el que recibió el Premio Espartaco y el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2006, ha publicado la versión definitiva de Las lanzas rotas. Sixto el Celtíbero (2006), Los malos años. La guerra entre Pedro el Cruel y la Reina Blanca (2007), El hombre de la plata. Tras los tesoros de Tartessos (edición revisada en 2009), La luz de Egipto (2009), Última Roma (2012) y Corazón oscuro. La cruzada escocesa en la frontera de Granada (2014).

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