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Mamoru Hosoda, forjado como profesional todoterreno en el mundo de animación japonesa, dio el salto autoral en 2006 con La chica que saltaba a través del tiempo. Destaca por ser uno de los pocos directores que logran que sus películas se estrenen en los cines españoles, todo un logro para alegría de los fans del anime, un público no masivo pero muy fiel y entusiasta.

Las largas y muy rentables franquicias cinematográficas Saw y Destino final ya han perdido el gas, y en el mundillo del cine de presupuesto medio (tirando a bajo) nunca se pierde una oportunidad.

Contrariamente a la mayor parte de los biopics actuales, este agridulce y elegante retrato del dúo cómico formado por Oliver Hardy y Stan Laurel no actualiza la personalidad de sus protagonistas, sino que invita al espectador a viajar en el tiempo, ejercitando así la nostalgia y la cinefilia.

Alejándose de las superproducciones o las versiones más o menos macarras que se han llevado a cabo en los últimos tiempos, el mito artúrico regresa en esta película de presupuesto más modesto, con un enfoque infantil-juvenil exento de cinismo o posmodernidad que es de agradecer.

Con esta película, el personaje de Carol Danvers emerge como una heroína adulta y confiada. Desde luego, no ha perdido el tono cordial y resuelto que formó parte de sus primeras apariciones en el cómic. Unos rasgos que, sumados a sus apabullantes poderes, convirtieron a la Capitana Marvel en una de las figuras femeninas más características de la Casa de las Ideas (es decir, del catálogo de personajes consolidado por la Editorial Marvel).

El título español de Please Stand By intenta llamar la atención de la afición trekkie a través del archiconocido saludo vulcano, y es que Star Trek tiene un papel muy importante en esta emotiva comedia dramática, adaptación de una obra de teatro escrita por Michael Golamco, quien también se ocupa del guión de la película.

El cuarentón que escribe estas líneas estaba todavía en la universidad cuando llegaron las primeras noticias sobre la compra de los derechos del célebre manga Alita: Ángel de combate (también conocido como GUNNM) por parte nada menos que de James Cameron, un director fundamental en el cine de ciencia ficción contemporáneo y gran aficionado al manga y el anime.

Isabel I de Inglaterra siempre ha sido un personaje codiciado por cualquier actriz. Figura histórica “más grande que la vida”, fuerte, asexuada y con un aspecto físico de lo más llamativo, ya tuvo su aparición en los tiempos del cine mudo con el rostro, nada menos, de la legendaria Sarah Bernhardt, en el mediometraje de 1912 Les Amours de la reine Élisabeth (Louis Mercanton y Henri Desfontaines).

No fue un bombazo como, digamos, 8 apellidos vascos, pero Perdiendo el Norte (Nacho G. Velilla, 2015) tuvo el suficiente público como para que el imperio Atresmedia exprimiera el producto con una serie televisiva de efímera vida, y vuelva a hacerlo ahora con esta poco inspirada secuela, dirigida por el debutante Paco Caballero.

A Peter Farrelly no le falta experiencia en el género de las road movies. Junto a su hermano debutó con éxito en el cine dirigiendo un par de divertidísimas comedias protagonizadas por parejas sobre el asfalto: Dos tontos muy tontos (1994) y Vaya par de idiotas (1996).

A este paso, la moda nostálgica de los 80 va a durar más que la propia década de los 80. Es comprensible: un servidor lleva mitificando y echando de menos aquellos años desde 1990, aunque también hay que admitir que nadie ha conseguido recuperar la esencia de aquel arte popular. Y es que, por fortuna o por desgracia, el pasado es irrecuperable.

Alfonso Cuarón fue galardonado recientemente con el premio al mejor film en lengua extranjera y mejor director en los Globos de Oro por su película Roma. El director y escritor también ha sido elogiado por las cualidades fílmicas de la cinta y por las historias cotidianas que cuenta del México de la década de los setenta.

Esta película bien podría haberse llamado Drago, aunque en realidad para todos nosotros es Rocky VIII. La saga original, con sus números romanos, acabó en 1990, pero el personaje ha regresado en un larguísimo epílogo que ya cuenta con tres entregas: Rocky Balboa (Sylvester Stallone, 2006), Creed (Ryan Coogler, 2015) y ahora esta secuela de Creed, dirigida por Steven Caple Jr.

En este panorama audiovisual donde impera lo que llaman monoforma ‒con productos clónicos, algoritmos decidiendo cómo van a ser las películas y una abrumadora correción política‒, que a uno le gusten o no las obras de Lars von Trier es lo de menos a la hora de reconocer su valor.

Era inevitable que la aclamada y exitosa novela de James Baldwin fuera carne de adaptación cinematográfica. Ha tardado bastante en llegar a la pantalla, aunque hay que reconocer que en 1974, cuando se publicó, todavía no resultaba sencillo tratar temas como el racismo, la injusticia del sistema, o asuntos tan sensibles como las secuelas de una violación.

Es inevitable recordar las películas de Michael Moore al ver este peculiar biopic. Lo confirman el nada oculto enfoque anti-republicano, el tono satírico y gamberro y un dinámico montaje de atracciones, escasamente sutil pero efectivo.

Los seguidores de Shyamalan estamos acostumbrados a discutir. También a dudar, e incluso a cambiar de opinión con el paso del tiempo. Cuando una de sus películas despierta odios y controversias, sólo queda el socorrido recurso de mencionar el talento con que el cineasta ha filmado otros largometrajes.

Sorprende la meteórica carrera del cineasta griego Yorgos Lanthimos a partir de que su película Canino revolucionara diversos festivales, hace ya una década. Aquella cinta, entre cómica, terrorífica y surrealista, provocó odios, amores y, sobre todo, desconcierto.

¿Quién no ha sentido alguna vez la necesidad de dejarse atrapar por las emociones de un tebeo? Créanme, no es ni mucho menos un sentimiento exclusivo de los que crecimos devorando cómics, sobre todo durante aquellos años en los que aún no existía nada remotamente parecido a internet.

Con diferencia, esta es la mejor película no animada de la franquicia Transformers. Y esto supone todo un cambio: hay enfermedades menos dañinas que la mayoría de las entregas de la infame saga firmada por Michael Bay, basada en los populares juguetes de los 80 de la marca Hasbro (y en sus correspondientes dibujos animados y cómics).

¿En qué sentido se mueve esta secuela? a) En el sentido de la nostalgia. b) En el sentido que marcaron las novelas de la creadora de Mary Poppins, P. L. Travers. c) En el sentido de las modas que hoy fijan el destino de Broadway.

Las distopías futuristas no tienen por qué seguir el modelo visual de Blade Runner o Mad Max. José Luis Cuerda utiliza un edificio de hormigón feísimo, un bosquecillo y unos fondos (evidentemente) falsos de Monument Valley para ofrecernos una sátira no muy sutil, pero sí divertida, absurda y poética del mundo actual. Bueno, del mundo en cualquier momento, en realidad.

¡Que no cunda el pánico! Aunque usted no tenga ni idea de que en los tebeos había más de un Spider-Man, podrá entender perfectamente esta divertidísima película sin necesidad de hacer un máster previo.

En uno de sus libros, Peter Bogdanovich escribía que, a la hora de la verdad, cada generación de espectadores quiere que se le cuenten de nuevo las mismas historias. De ahí que cada vez que transcurre una nueva década, los veteranos se quejen al descubrir en la cartelera una nueva versión de viejas tramas que les hicieron soñar tiempo atrás.

Aunque el título parezca el de película de terror, El regreso de Ben es un drama modélico sobre el daño de las adicciones y la fuerza de las llamadas “madres de la droga”. Bien pensado, tiene momentos que dan cierto miedo y generan una tensión constante, con ese espíritu fatalista provoca en el espectador casi tanta inquietud como el cine de horror.

Este film del director Steve McQueen (nunca nos acostumbraremos a que se llame como la legendaria estrella) se basa en un concepto muy sencillo: las viudas de unos criminales muertos se reúnen para dar un golpe por su cuenta.

Michael Caine, Ray Winstone, Jim Broadbent, Tom Courtenay, Paul Whitehouse, Michael Gambon… Unos actores veteranos y de enorme talento, reunidos en esta película de ladrones que dirige James Marsh.

Cualquiera que tenga la escritura como profesión ‒o cualquier autónomo que trabaje desde casa‒, se sentirá identificado con el retrato que se hace de ese coloso de la literatura que es Charles Dickens en esta deliciosa película, un film británico que relata la creación a contrarreloj del clásico Cuento de Navidad.

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