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Domingo, de padre a tirano

Plácido Domingo comenzó su carrera cantando partes de barítono. A partir de 2009 aparcó su actividad tenoril para recuperar la baritonal con figuras paternas verdianas, en cabeza el Simon Boccanegra, personaje que el cantante en especial reverenciaba.

Una albanesa en la corte de Isabel

Nacida en 1974 y tras pasar premiada por varios concursos internacionales, a punto de cumplimentar dos décadas de fructuosa carrera, la soprano albanesa Ermonela Jaho fue la gran triunfadora de La Traviata londinense que se ha podido disfrutar en la pantalla del Palacio de la Prensa madrileño, en esa remodelada y tan cómoda para el peatón Gran Vía que nos ha regalado la alcaldesa Carmena.

Cumpliendo deseos verdianos

A lo largo de su vida Verdi tuvo oportunidad de conocer a Rossini y de disfrutar de muchas de sus obras. Consideraba El barbero de Sevilla como la obra cómica más perfecta que pudiera haberse escrito.

Un Verdi juvenil en Génova

Verdi triunfó con Nabucco cuando tenía 28 años. Una juventud, en ardor y energía, que emerge a través de todas las notas de tan espontánea, inspirada y vigorosa partitura.

El Riccardo de Di Stefano

Riccardo, de la verdiana Un ballo in maschera (o Gustavo III de Suecia si se elige la versión no censurada de la ópera) es un personaje que se distingue tanto por su elegancia como por la espontaneidad, la naturalidad de su canto.

Si se nos menciona a Verdi, Puccini y Zandonai enseguida se encienden en la memoria las luces de un teatro de ópera. No obstante, los tres supieron, aunque incidentalmente, reducirse a la íntima sonoridad del cuarteto de arcos.

Rossini y Verdi, años 70

Antes pertenecientes al sello Acanta, luego recicladas por Arts Archives, dos autorizadas versiones de L’italiana in Algeri e Il Trovatore volvieron a recuperar espacios actuales, tras años sumergidas en el olvido, fuera de la circulación discográfica.

Curioso destino el de Giovanni Sgambati (1841-1914). Liszt se lo recomendó a Wagner, dado que Sgambati era, como Liszt, un notable concertista de piano. Wagner admiró algunas de sus partituras y, a su vez, lo recomendó al editor Schott para que las publicase.

Para todos los melómanos, un teatro de ópera es un templo laico en el que conmemoramos la leyenda y la verdad substancial de la música. Por supuesto, dejando aparte ese perfil altisonante, también lo consideramos un punto de encuentro social y un lugar en el que disfrutar a lo grande, y de paso, fijar nuestros recuerdos.

Barbieri a solas

Fue buena idea la de Myto de reunir en un volumen varias interpretaciones de la gran mezzosoprano triestina Fedora Barbieri, es decir, dedicarle un recital a ella solita.

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