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Trestesauros500

Richard Corben se labró su sólida reputación como historietista gracias a su trabajo en revistas orientadas a un público adulto, como Creepy o Heavy Metal, cuyos lectores se quedaron maravillados con su sentido del color, plasmación de la anatomía humana y fusión entre trazo underground y técnica realista.

Los zombis de Walking Dead y los Caminantes Blancos de Juego de Tronos tienen algo en común: sus cuerpos muertos están en proceso de descomposición, algunas partes faltan o están despellejadas, y otras están deformadas. Con esta tétrica imagen algunos paleontólogos se lanzan a la reconstrucción de fósiles de dinosaurios.

Las novelas de mundos perdidos, que durante más de cincuenta años habían constituido uno de los pilares básicos de los relatos de aventuras, tenían los días contados. Aquellas narraciones de exploradores y aventureros que involuntaria o deliberadamente se internaban en remotos valles cubiertos por la bruma, penetraban en alguna profunda cueva hacia el interior de la Tierra o atravesaban inhóspitos desiertos o impenetrables junglas para encontrar civilizaciones perdidas y una naturaleza congelada en el tiempo, iban pronto a dejar paso a las epopeyas espaciales. Sencillamente, la Tierra empezaba a perder su misterio.

La bajada de las temperaturas fue la culpable de la desaparición del oso cavernario, que tuvo lugar 13.000 años antes de lo que se pensaba. La noticia ha disipado el enigma que pesaba sobre la extinción de esta especie, cuyo hábitat se extendía de España a los Urales. El presunto implicado, el hombre, ha sido absuelto. Así lo afirma el veredicto emitido por paleontólogos europeos, en un estudio publicado en la revista Boreas, que confirma la hipótesis más valorada en los círculos especializados.

Un equipo de científicos procedentes de la Universidad de Málaga, la de Birmingham y la UCLA, estudió el ‘bocado de la muerte’ en estos superdepredadores: los félidos con dientes de sables, un grupo de hipercarnívoros ya extinto que se caracterizaba por tener unos caninos largos y estrechos con los que eran capaces, incluso, de abatir de un mordisco un mamut. Una técnica que los diferencia de los felinos actuales, que matan por asfixia.

Hace más de 10 millones de años llegó a Europa desde Norteámerica un grupo de équidos de tres dedos llamados hipariones, que tenían un tamaño similar al de un poni grande actual (de unos 150 kilos de peso) y se alimentaban de una mayor variedad de recursos, como hojas, corteza y frutos, que los caballos, asnos y cebras actuales, que principalmente pastan.

Dar clases se convirtió en un auténtico desafío para la paleoantropóloga coreana Sang-Hee Lee. Acostumbrada a investigar, no conseguía disfrutar ni captar la atención de los estudiantes cuando les explicaba los conceptos del temario.

Amor neandertal

Al suroeste de Francia, en el yacimiento La Chapelle aux Saints, los paleontólogos descubrieron en 1908 unos restos cuidadosamente enterrados de un varón de entre 25 y 40 años que vivió hace entre 60.000 y 50.000 años. Investigaciones posteriores revelaron que este Homo neanderthalensis, conocido popularmente como “El viejo”, tuvo muchos achaques antes de morir.

En 1912, el paleontólogo alemán Ernst Stromer encuentra en el desierto del Sáhara (Egipto) el fósil de una antigua y extraña criatura de largas espinas y proporciones descomunales, que denominó Spinosaurus aegyptiacus. El esqueleto, depositado y expuesto en el Museo del Estado de Baviera, donde disfrutaba de gran popularidad, desaparece en un bombardeo aliado durante la Segunda Guerra Mundial. Sólo sobreviven las notas de campo, algunos dibujos y varias fotografías de color sepia.

Tras estudiar la morfología del cráneo y las vértebras cervicales de Magericyon anceps, un mamífero carnívoro que vivió en el Mioceno superior (hace unos 9 millones de años), paleontólogos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad de Alcalá comprobaron en 2017 que era un depredador extremadamente eficaz.

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